Son nuevos tiempos,
Atrás queda
El desfile de Tractores, entrando y saliendo del pueblo, bailando, uno detrás del otro, dejando ese olor, inconfundible, a uva pisada.
Atrás queda
Ese Perro, rezagado, compañero, amigo, y testigo de la faena alcanzada.
Atrás quedan
Las Mujeres, con el pañuelo en la cabeza, agachadas, perfumadas de romero y lavanda, sus Rostros, curtidos por el frío del invierno, sus madres, allí mismo, en paz descansan.
Sus Bocas desdentadas, sus Miradas huidizas, sus Manos agrietadas, y sin embargo, no hay tiempo para la parada.
Ahora
El Pueblo, eso sí, de La Mancha, está mudando de piel, es difícil distinguir entre veraneantes, jubilados, el hijo de Acisclo, el hermano de Kuki, o la misma Tía Benancia.
No sabes, si vinieron para quedarse, o si se quedaron por miedo a irse.
Pero esto es El Pueblo, esto es La Mancha, Aquí, se sigue siendo fiel al frío de la mañana, a la lluvia de estrellas, al cotilleo de madrugada.
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